Uno de los mayores retos que tienen los gerentes o cabezas de grupo en la actualidad es mantener a los empleados motivados. La rutina, los problemas de casa y los bajos sueldos son las principales causas que acusan los trabajadores por su bajo rendimientos o cuando simplemente le realizan su trabajo sin dar algo más.

Cuando en una empresa u oficina cada quien realiza el mínimo esfuerzo. Nadie es proactivo y siempre se hacen las mismas cosas, como si todo fuera cuadriculado, las personas que están al mando deben ponerse en alerta y pensar en estrategias para que sus trabajadores se sientan como si fuera su primer día.

Mantenerse motivado siempre resulta muy complicado. Son muchos los factores que entran en juego. Aunque hay personas que son muy positivas en algún momento sufren un bajón por una situación puntual como una enfermedad o problema legal. En un trabajo la situación no cambia demasiado.

Si estás al frente de un grupo de trabajo y necesitas motivarlos hay varios errores que no puedes cometer, ya que lejos de ayudar podrías llevar la situación más al límite.

Incluso situaciones cotidianas pueden ser una daga al corazón y al autoestima de cada una de las personas que tienes a tu cargo.

Algunos de los errores que cometen los jefes son:

 

Solo marcar los errores

A las personas hay que hacerles saber siempre todas las tareas que realizan mal. De esta manera evitarás que sigan cometiendo el mismo error de forma continua. No decirle es hacerle creer al trabajador que todo funciona perfecto. Sin embargo, también es importante que haya un reconocimiento cuando lo hagan bien.

Debe haber un programa de reconocimiento o un plan de premios para aquellas personas que se destaquen. De esta manera todos se sentirán motivados para hacer su trabajo de forma correcta. Los premios no siempre deben ser en metálico. Viajes, cupones de descuento, almuerzos o cenas en buenos restaurantes también son muy valorados por los empleados.

 

Robarse los créditos

Lo peor que puede hacer un jefe es asumir como propio un trabajo que haya realizado uno de sus empleados y además recibir una felicitación de algún superior por él. No solo no quedas bien con el resto de tus compañeros. Además lejos de ganar en autoridad con los que tienes a tu cargo, generarás el efecto contrario.

Peor aún al momento de pedir alguna idea a desarrollar para mejorar algún flujo de trabajo no van a dar ninguna, ya que no quieren que les roben el crédito. En vez de motivar a tus compañeros los vas a desmotivar.

 

No abrir un canal de comunicación directo

Para que tu personal se sienta motivado debe sentirse seguros en sus puestos de trabajo. Para ello debe tener una comunicación constante con su superior. Si ellos consideran que su jefe es una persona inaccesible no se van a atrever a hacerle una pregunta, consulta o incluso plantearle algún problema que pueda tener.

Mostrarte como uno más, incluso ser tú como jefe el que te acerques a ellos les dará la confianza necesaria para que puedan contarte cosas. Hasta aquellas que no tengan que ver con el trabajo. Aunque haya que mantener una distancia entre jefe y trabajador, esta no tiene que ser tan marcada.

 

Burlarse de los trabajadores en público

No hay nada peor que ridiculizar a un trabajar en público y mucho menos delante de los compañeros de trabajo. Eso les destruye por completo su imagen, más allá de egos, se trata del autoestima de las personas y ese siempre debe estar alto para que puedan rendir al máximo mientras se encuentren en la oficina.

Los errores que cometa un trabajador no deben ser expuestos, deben ser tratados en privado. De esa manera sentirán que hay un respeto hacia él. Además hay que cuidar las formas en la que te expreses cuando lo hagas. Más allá que nadie más esté escuchando decirlo con las palabras y sin sonar burlesco es muy importante. Recuerda que las faltas se deben corregir es para que no se cometan más no para destruir moralmente a alguien.

 

Ser autoritario

No hay nada peor que ser una persona intransigente frente a los demás. Donde solo valga su palabra y se haga lo que él diga. Aunque en ciertos momentos hay que imponerse frente a las personas que tienes a tu cargo, siempre hay que escuchar y ser flexibles.

Que tus empleados no se sientan como unas máquinas y que no se pueden ni levantar de su asiento porque tú estás cerca es nefasto para la productividad. Gritar, ridiculizar a otros es uno de los mayores errores que cometen los jefes con sus trabajadores.

 

Mantener el mismo discurso

Decir siempre lo mismo es lo más aburrido del mundo. Incluso cuando se quiere alabar a alguien. Siempre hay que tener un discurso diferente por cada vez que haya que dirigirse a los trabajadores. Ellos no sentirán que les “van con el mismo cuento de siempre”, sino que hay elementos diferenciadores.

 

No permitir los ascensos

Los trabajadores siempre van a querer ascender en la empresa en la que trabajen. Sobre todo aquellos que ya tienen varios años en la compañía. Si ellos sienten que son tomados en cuenta y que con el paso del tiempo les han delegado nuevas responsabilidades e incluso han ido ascendiendo los demás lo verán como posible.

Pero si es una compañía en la que los reemplazos son cubiertos por personas externas o familiares, los trabajadores sentirán que el rol que desempeñan no es importante. Les dará igual si lo hacen bien o mal, porque no tendrán una recompensa.

 

No prepararlos

No formar a tus empleados y no dictarles cursos, talleres y charlas es contraproducente para la empresa. Los trabajadores necesitan de una actualización constante. Independientemente del área en la que se desempeñen. Esto permitirá que sean mucho más eficientes.

Una de las cosas que siempre motiva a las personas es aprender cosas nuevas. Los empleados necesitan preparación. De esta manera se sentirán más seguros de su papel. Que asistan a cursos, talleres, charlas, incluso postgrados o doctorados que sean financiados o que hayas facilidades dentro de la empresa para que ello asistan será muy bien visto por ellos.

 

Si estás al mando de un grupo o te acaban de ascender trata de no cometer estos errores. A veces no es fácil. Algunos deben ser un mandamiento, incluso por razones éticas. Pero en la medida de lo posible siempre ser una persona abierta frente a los demás, sobre todo si estos son tus trabajadores.