Esta batalla entre Apple y el FBI podría durar años

Una orden judicial emitida en febrero de este año ha desatado la batalla entre Apple y el FBI. Una corte de Estados Unidos presentó una orden a Apple en la que la obliga a ayudar al FBI para intervenir el iPhone utilizado por el autor del tiroteo en San Bernardino que dejó 14 personas muertas.

Cuando fue emitida la orden, Apple se opuso a esta decisión pues argumenta que esta exigencia abre las puertas para que todos sus equipos sean vulnerables luego de tanto trabajar para que su sistema operativo se “impenetrable”.

Además asegura que si Apple y el FBI trabajaran en conjunto en este caso, esto marcaría un precedente y otras agencias de inteligencia podrían recurrir a este tipo de orden para facilitar el proceso de acceso al sistema operativo de cualquiera de sus dispositivos.

Para entender mejor este tema, el periódico chileno El Mercurio ha publicado un trabajo con las claves para que podamos entender todo lo que ha desencadenado y desencadenará esta batalla entre Apple y el FBI

¿Es primera vez que ocurre algo así?
Apple en muchas ocasiones ha colaborado con agencias de seguridad luego de órdenes judiciales, pero lo hacía con equipos que tenían iOS 7 o sistemas operativos más antiguos. Desde iOS 8, lanzado el 2014, Apple introdujo una serie de mejoras de seguridad que hacen imposible penetrar forzosamente el equipo.

De hecho, el usuario del teléfono puede habilitar una opción para que, si alguien intenta adivinar la clave y falla diez veces, todos los datos privados del teléfono sean borrados. Habitualmente para «adivinar» las claves se utilizan desarrollos que aplican «fuerza bruta», es decir, un software que escribe miles de claves por segundo hasta que llega a la correcta. Sin embargo, en este caso el FBI no puede ocupar esta técnica, ya que corre el riesgo de que el teléfono borre los datos después de diez intentos.

Si este iPhone es impenetrable, ¿cómo puede ayudar Apple?
Lo que el FBI solicita a Apple no es que les entregue la contraseña de este teléfono en particular, porque la única persona que la sabía era su fallecido portador. Ni siquiera el Departamento de Salud del Condado de San Bernardino, que era el empleador de Syed Rizwan y es formalmente el dueño del teléfono, sabe la clave.

Por esta razón, la ayuda que pide el FBI es que Apple desarrolle una versión modificada de iOS que deshabilite dos de las grandes barreras que tienen para acceder a los datos del teléfono: que no exista un límite de intentos para adivinar la contraseña (lo que permitiría usar la «fuerza bruta») y que al décimo intento no se borren los datos.

¿Por qué el FBI no puede hacer esta modificación sin ayuda de Apple?
Aunque la agencia federal tuviese los ingenieros capacitados para escribir un software así, de todas formas no podría instalarlo en el iPhone, ya que el equipo sólo acepta la «firma digital» de Apple.

¿Por qué Apple no acepta ayudar en este caso en particular?
Precisamente la postura de la compañía es que este no es «un caso particular». Si aceptaran escribir el software que les pide el FBI, el código podría caer en malas manos por mucho que en su solicitud esta agencia gubernamental indicó que está de acuerdo con que el programa sea destruido una vez utilizado para este caso. Para Apple, en el mundo digital no existe la «destrucción» y por tanto no hay garantías de que otros equipos no queden sujetos a ser intervenidos de la misma forma.

También se corre el riesgo de que en un juicio donde se utilicen datos recogidos desde el teléfono como evidencia, tengan que explicar cómo funciona el software con que se penetró el sistema para que ésta sea admisible. Por otro lado, la compañía teme que esta misma solicitud «extraordinaria» del FBI se transforme en algo cotidiano y, peor aún, que países con un pobre registro sobre el respeto de la privacidad de sus ciudadanos, se entusiasmen y haga el mismo tipo de requerimientos.

¿Cuáles son los argumentos del FBI?
La posición de esta agencia es que se trata de un caso particular, que el software que haría Apple luego sería destruido y nunca más utilizado, por lo que echa por tierra que se trataría de una «puerta trasera» a la que recurriría constantemente. James Comey, director del FBI, ha dicho que creen que en el teléfono podrían existir datos sobre otros terroristas y que es un «deber» seguir esa pista. Insisten en que es un tema que no debería ser resuelto por «una empresa que vende cosas», sino que por el «pueblo estadounidense».

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